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Porque tenemos tanto miedo al dentista?

Mañana tengo cita con el dentista.

María es una mujer de 50 años que una semana antes de su cita, ya está nerviosa.

No tiene miedo, lo suyo es pánico, un pánico desmedido.

Me contó que una vez tuvo un pretendiente, ambos eran jóvenes, guapos y empezaban a conocerse.

Habían quedado para salir y él iba a pasar a recogerla. El joven se presentó resplandeciente en su moderno descapotable.

Y María subió impresionada al coche. Todo parecía perfecto.

Estuvieron intimando un rato hasta que María preguntó:

-      Y tú, a que te dedicas?.

-      Soy dentista, respondió orgulloso el joven.

Al oír la respuesta, María se puso roja, morada, de todos los colores.  En su interior una alarma había empezado a sonar. Peligro.

Y sin pensarlo, de su boca salieron unas palabras:

-      Para el coche!!!!.

Y así, sin más explicaciones, se bajó del coche, dejando a su enamorado plantado… solo porque era dentista!

 

Desgraciadamente esta es la imagen que hemos tenido los dentistas durante muchos años (y que a veces seguimos teniendo).

Y  por eso hoy quiero comentar lo que supone para muchos pacientes “ir al dentista”.

Es decir todas  las emociones incontrolables y muchas veces inconscientes que nos acompañan durante nuestras citas dentales.

Mucha gente acude a la consulta dental con miedo, porque  ha tenido experiencias anteriores negativas, muchas de ellas durante su infancia, y que le siguen marcando a pesar de haber pasado 30 o 40 años, como es el caso de María.

Otros, sin embargo, tienen miedo y no saben explicar porqué…

-      No lo entiendo, dicen,  nunca me han hecho daño, pero cada vez que me siento en esta silla, tengo pánico.

 

La explicación a porqué tenemos este miedo irracional puede ser sencilla:

Muchas veces no es el solo el miedo al dolor el que nos acompaña, es el miedo por ejemplo a perder el control.

La posición en que nos situamos durante la cita (boca arriba) nos deja indefensos expuestos en manos de otra persona, que muchas veces no conocemos, o aunque la conozcamos, no sabemos qué día tiene, de qué humor está y si esto puede afectarnos.

En esta posición podemos sentir que perdemos el control sin poder protegernos en caso de que nos hagan daño. También desconocemos si el dentista va a escucharnos y hacernos caso cuando necesitamos parar.  Ni sabemos si va a respetar nuestra forma de pensar y nuestras pequeñas manías o miedos.

La confianza es otro tema importante, lo hará bien el dentista?

La mayoría de veces desconocemos qué nos están haciendo exactamente y si esto es lo correcto para nosotros.

Nos dicen que tenemos caries, y ni siquiera sabemos qué aspecto tiene una caries y aún así debemos confiar en que es así.

Nos sentimos vulnerables e inseguros con miedo, ya que la boca y los dientes son un área altamente sensible.

Como veis la visita al dentista está llena de emociones con las que nos confrontamos consciente o inconscientemente tanto los pacientes como los mismos dentistas.

Como dentista también he sufrido el efecto de estas emociones cuando durante mis primeros años no era consciente de ellas.

Trabajaba “como una máquina” sin tomarme tiempo para darme cuenta de qué emociones se estaban moviendo y como éstas me afectaban.

Terminaba la jornada laboral dolorida y como un zombi. Podía permanecer horas sentada sin querer ver ni hablar con nadie, sin moverme ya que  cualquier pequeño estímulo desencadenaba una respuesta desproporcionada, que quería evitar.

Cansada de esta situación decidí cambiar mi forma de trabajo.

Esto se tradujo en buscar alternativas para dar más apoyo a mis pacientes, en querer ayudarles facilitando que se relajaran y dando espacio para que pudieran sentir y expresar sus emociones, sus miedos, sus inseguridades.

Y esto ha tenido un gran efecto en mi, ya que he podido comprobar que si el paciente esta relajado y confiado, yo trabajo más relajada y tranquila y viceversa, el tiempo que yo me tomo para prepararme, para darme cuenta de cómo es mi día, que emociones tengo antes de empezar a trabajar tienen muchos beneficios que repercuten en el  paciente.

Estas herramientas las he aprendido durante mis años como estudiante de Human Decoding, donde uno de los principios básicos es la preparación del paciente y del terapeuta antes de tocar ni siquiera la boca.

Y esta es una de las claves para poder terminar el día y la cita con el dentista, relajado y con ganas de volver!

Hasta pronto :)


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